A Saturnina Tovar Navarro
De Magaly Vera Macha
De Magaly Vera Macha
Un hombre apodado Ñuka Elias, había sembrado el terror en el pequeño Barrio Progreso de Wankan. Todos los días tomaba hasta caerse. Y cuando no tenia plata para comprar mas chelas, pues se desquitaba con su pobre madre, una ancianita de unos 71 años de nombre María Ramos. Sus sobrinitos solo al ver su sombra acercarse a la casa, ya temblaban de miedo.
Un día, casi mata a su madre. Los pequeñitos vieron un charco de sangre alrededor de su abuelita, ahí tiradita en el suelo. Y el desgraciado no dejaba de golpearla. Inmediatamente los niños corrieron a contárselo a Mama Shato, otra viejita vecina. Pero no era una mujer frágil pese a su pequeña figurita de apenas 1.40 mt. y de extrema delgadez. No era sonsa para nada. Así que presurosa fue a ayudar a su amiga.
El odioso, la vio y empezó a reír. ¿qué podía hacer otra ancianita?. Pero no contaba con la astucia de mama Shato. Se acerco despacito con una mano adelante y otra atrás. Apenas el malvado se le abalanzó, mama Shato le echo la ceniza que tenia empuñadito en su mano derecha, directo a los ojos. Dicen que eso pica como rocoto y como rocoto mono. Así que mientras empezaba a gritar de dolor y sobarse los ojos, pues mama Shato saco una rajada que traída escondida en su mano izquierda y empezó a golpearlo sin piedad hasta cansarse. Cada golpe iba acompañado de: “por tu culpa cae granizada, por tu culpa no hay agua, por tu culpa no hay sapos que se han ido con el agua, por tu culpa tenemos hambruna”. La lista de reclamos, era larga. Ñuka Elias cayó desmayado.
Ya para descansar, se sentó encima del cuerpo inerte y reposo pero solo un ratito. Apenas recobro fuerzas, ató al ñuka al poste de luz que estaba en la puerta de la casa con la soga de las vacas. Ahí nuevamente empezó a golpearlo, pero solo en las manos, ya no en todo el cuerpo. Hasta ahora tiene unas marcas que le recuerdan este episodio, pero ya nunca más volvió a golpear a su madre. Y si tenía intenciones, los niños lo amenazaban con llamar nuevamente a Mama Shato, así que inmediatamente huía a alguna chacrita a esconderse. Eso, fue un santo remedio.





