De Magaly Vera Macha
Allá por el año 4000, nació Mama Runtu, pronto se convertiría en una hermosa mujer. Sabiendo que era una joven inquieta y que gustaba de saber de todo, apenas llego a su mayoría de edad, su padre le obsequio unas hermosas alas para que pueda volar de canto a canto toda su comarca.
Allá por el año 4000, nació Mama Runtu, pronto se convertiría en una hermosa mujer. Sabiendo que era una joven inquieta y que gustaba de saber de todo, apenas llego a su mayoría de edad, su padre le obsequio unas hermosas alas para que pueda volar de canto a canto toda su comarca.
Fue educada en amor y bondad por sus padres, por eso en su pueblo en la Waka El Paraiso, solo se dedicaron a confeccionar instrumentos musicales. No sabían de guerras, ni de envidias ni de odios. Todo era paz. Por eso no había truenos ni rayos que eran las formas como los Dioses manifestaban su enojo, ni inundaciones, ni huaycos ni nada.
Solo se respiraba la brisa del mar, y se oían los trinos de las aves. Las mujeres aprendían a hilar, a ayudar al esposo en la siembra y a cuidar a los niños. Los hombres en cambio se dedicaban a la caza, a la pesca y a la siembra. Nunca faltaba comida en una casa, había en abundancia y no existía la pobreza. Es que nadie ahí era ocioso. Siempre había algo que hacer. Pero Mama Runtu no estaba contenta, algo en ella le picaba, así que decidió viajar por el mundo para calmar su inquietud.
Se fue a Asia y allí dejo parte de ella en un huevito pequeñito color amarillo. Viajo a Europa y por ahí dejo solo un huevito blanco. Por su paso por Africa, dejo un huevo color café y ya cuando regreso al Paraíso, puso un huevo color cobre, debe ser que por eso tenemos un hermoso color cetrino.
Quiso juntar a sus hijos, pero cuando lo hizo, estos empezaron a pelear por liderazgo y por tierras. Cada uno quería una parte del reino y no se ponían de acuerdo en cual querían. Ninguno dio su brazo a torcer y así ante tantas peleas, no le quedo otra a Mama Runtu que empezar a llorar. Lloro tanto que muchos pueblos se inundaron. Nada calmaba su dolor y ya sin fuerzas, solo se diluyo en el mar. Nadie nunca más supo de ella.
Cada uno de sus hijos regreso a su lugar de origen. Y ya dejo de ser la comarca El Paraíso, un paraíso.
Incluso antes de la llegada de los Inkas, ya habían desaparecido. Solo quedo de ese hermoso pueblo, un templo que aun encontramos cerca al mar, entre los limites de Ventanilla y San Martin de Porras, en un lugar escondidito de Chuquitanta.
Relato recopilado de Killa (29/12/2010) de la Asociación Cultural Kápaq Sumaq Ayllu.


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